MUSEO FRIDA KAHLO

Ofrenda 2020 “La Mesa Restaurada: Memoria y Reencuentro” Instalación en colaboración con Jean Paul Gaultier

En esta ocasión, la Ofrenda de la Casa Azul cuenta con la generosa participación del diseñador de origen francés, Jean Paul Gaultier, para quien México ha sido una profunda fuente de inspiración. El hermoso altar, contó asimismo con la colaboración de Lourdes Báez y Grisell Villasana, el equipo de museografía del Museo Frida Kahlo, el despacho Ap70 Proyectos, la Universidad La Salle y un grupo de excelsos artistas tradicionales de Guanajuato, entre los que se encuentran el Taller de Alfarería Tradicional de Gorky González, el Taller de Vidrio Soplado Guajuye, el Taller de Cartonería de Mauricio Hernández Colmenero, la familia de alfeñiqueros Barreto Tomé y Farolas de San Miguel Allende.

El Altar de Muertos está dedicado a Frida, a la vez que otorga homenaje a entrañables creadores fallecidos en distintas pandemias, provocando un reencuentro ritual. Rinde tributo a la celebración de la belleza y la vida sobre la muerte, invocando esperanza en los actuales tiempos difíciles que atraviesa la humanidad.

La ofrenda, titulada “La Mesa Restaurada: Memoria y Reencuentro”, es una instalación en la que dialogan la mirada amorosa de Jean Paul Gaultier hacia México y su admiración por Frida Kahlo y la perseverancia sensible y virtuosa de los artistas tradicionales de Guanajuato. Todo, en torno la enigmática obra “La Mesa Herida” (1940) de la autoría de Frida.

Una vez más, la Casa Azul invoca el espíritu de fortaleza que distinguió a Frida Kahlo. En palabras de Hilda Trujillo, esta ofrenda “renueva el ancestral rito para celebrar el ciclo vida – muerte – vida, que encuentra en México una explosión de color y juego, instalando entre nosotros la paradoja radical: la muerte, como la vida”. 

Dentro de la Casa Azul, están expuestas dos piezas de alta costura de Jean Paul Gaultier: El Corset Negro y Vestido Morado con Corbata, junto a textos de Circe Henestrosa. Inspiradas en la discapacidad de Frida y en su dualidad mujer-hombre, estas obras son parte de la colección que el diseñador le dedicó a la pintora mexicana en el año 1998.

Jean Paul Gaultier, el enfant terrible de la moda, ha tomado a México como fuente de inspiración desde su primera visita a finales de los setenta. Así, en sus colecciones han estado presentes el universo fantástico de la lucha libre y la devoción popular a la Virgen de Guadalupe.

En esta oportunidad y a través de esta instalación, Gaultier ratifica su amor por Frida y por México, así como su fascinación por los artesanos de Guanajuato, junto con quienes ha diseñado algunas piezas emblemáticas de esta ofrenda.

Retomando el ritual tradicional de Guanajuato, que se centraba originalmente en una comida sobre las tumbas que hoy se ha desplazado a las mesas familiares, en esta ocasión, es la misma Frida quien convoca a 12 creadores inolvidables, de diferentes países, a la celebración en su mesa. Ellos, forman parte del patrimonio sensible del mundo y fallecieron por causa de distintas pandemias: Tiziano, Gustav Klimt, Egon Schiele, Edvard Münch, Georgia O’Keeffe, Keith Haring, el literato Guillaume Apollinaire, Rudolf Nuréyev, Chopin, Moliere, Sor Juana, y muy especialmente, el mexicano Manuel Felguérez, fallecido este año víctima del coronavirus.

En un momento en que la pertinencia es valorar lo entrañable e imprescindible para la vida, el Museo Frida Kahlo sitúa el arte y las letras, como aquello que el ser humano requiere como primera necesidad: aquello que reafirma la identidad y la pertenencia a una comunidad, así como el poder de la memoria y la trascendencia del espacio material.