RETRATO DE DIEGO POR FRIDA

 

Frida y Diego vivieron en esta casa; a ellos dedicamos la exposición “Retrato de Diego por Frida”.   A través de este trabajo que hoy presentamos, se les conoce dentro de la intimidad que nos descubre su archivo -depositado aquí- en todo su valor estético y humano, y su presencia se nos revela fuertemente contemporánea.  Esta muestra contribuye a adentrarnos en la intensidad de sus vidas y sus pasiones fundamentales: el arte, la lucha social y, ante todo, México.

 

En “Retrato de Frida y Diego” el público encontrará tanto material inédito dedicado a Diego Rivera, como obra suya perteneciente a otras colecciones -del Museo Dolores Olmedo, de la familia Marte R. Gómez, del maestro Ricardo Pérez Escamilla y de la propia colección permanente de la Casa Azul. Las pinturas, fotografías, carteles, documentos y libros que componen esta exposición subrayan el papel de Frida Kahlo y Diego Rivera como líderes en el ámbito cultural y político de la época.

 

Hemos privilegiado la presencia de Diego y Frida dentro de la Casa Azul y su impacto en la cultura de su siglo.  Para ello, “Retrato de Diego por Frida” se ha organizado en siete salas o espacios del Museo Frida Kahlo Casa Azul, en los cuales se dibuja a Rivera en todos los aspectos de su polifacética personalidad.

 

En conjunto, se trata de una exposición que busca mostrar a Diego, a través de la visión de Frida, como una personalidad compleja y fundamental para entender la cultura de principios de siglo XX.

 

Agradecemos a: Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados LX Legislatura, Fundación BBVA Bancomer, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A.C. (ADABI), Museo Dolores Olmedo, familia Marte R. Gómez, Oglivy, Canal 22, Instituto Mexicano de la Radio (IMER), Radio Fórmula, Grupo Rentable, Gilsama, Philips, Santo Tomás, Italianni’s, Digital Colors, Imágenes y Muebles Urbanos (IMU), Foli y Remigio Mestas Revilla.

 

Carlos Phillips Olmedo
Director General
Museos Dolores Olmedo, Diego Rivera-Anahuacalli y Frida Kahlo

 

 

 

Diego Rivera:

Hombre de su tiempo y artista universal

 

Con la exposición “Retrato de Diego por Frida”, hoy ve la luz otra parte del archivo que se diera a conocer en 2007 en la Casa Azul.  En ese entonces se anunció la revelación más importante que se haya hecho en el Museo Frida Kahlo desde la muerte de la pintora en 1954. El Comité Técnico del Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo presentó entonces un amplísimo acervo nunca antes visto que fue clasificado con la generosa ayuda de la Dra. María Isabel Grañén Porrúa y don Alfredo Harp Helú, a través de ADABI (Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A.C.).  La riqueza de este acervo se dejó adivinar ya en una primera exposición con la que se celebró el centenario del nacimiento de la pintora en 2007: “Tesoros de la Casa Azul, Frida y Diego”.

 

Hoy, la exhibición “Retrato de Diego por Frida” -cuya curaduría dirigió el maestro Ricardo Pérez Escamilla con la participación de la crítica de arte Ingrid Suckaer- expone la multifacética personalidad de Diego visto a través de su esposa, Frida Kahlo, y la fuerte presencia de ambos artistas en la Casa Azul. Ilustra también la diversidad en la obra del pintor y su aportación a la construcción de la identidad nacional.

 

El título inspirador de esta segunda exposición es “Retrato de Diego por Frida Kahlo”, y recuerda el ensayo que escribiera la pintora para el Instituto Nacional de Bellas Artes con motivo de los 50 años de labor artística de Diego.  Se trata de la opinión de la mujer que más comprendió al muralista y de la artista que compartió con él lucha social y amor por la cultura y el arte nacionales.  La visión de Frida sobre Diego guía al visitante por esta exposición que privilegia la presencia, aún palpable, de ambos artistas en la Casa Azul. “Retrato de Diego por Frida” muestra la relación de ambos pintores y la manera en que se influyeron y se complementaron con profundo respeto por sus estilos creativos, tal como lo han hecho otras grandes parejas de la historia, como Max Ernst y Leonora Carrington, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Dalí y Gala.

 

A través de esta visión, Frida va dibujando un retrato físico y, sobre todo, psicológico de Diego, de manera que se dibuja a un hombre complejo, con contradicciones, pero íntegro en lo esencial.  Así se descubre a un artista comprometido socialmente, sin tolerancia ante la demagogia y la corrupción, a la vez que a un ser humano sensible a la belleza, sujeto a múltiples apetitos: desde la simple avidez gastronómica hasta el hambre voraz de conocimiento o la insaciable sed por la belleza femenina.

 

Buscando preservar esta fuerte presencia de Frida y Diego, la caligrafía de todos los títulos de cédulas en esta exposición rescata aquélla que usó el pintor en algunas de sus ilustraciones políticas.

 

Sala 1

“(…) si hablara de él como de un hijo, no haría sino describir o pintar mi propia emoción, casi mi autorretrato, no el de Diego.”
Frida Kahlo
 

En la primera sala se privilegia la faceta de Rivera como arquitecto y escultor en contraste con la temática íntima y de pequeño formato con la que trabajó Frida.  Un ejemplo lo constituye la composición de la chimenea que Diego mandara construir en la Casa Azul. Para ella, Rivera unió la geometría prehispánica con las sobrias líneas del art deco. Complementan la sala uno algunos de los cuadros más representativos de Frida –Viva la Vida, Naturaleza muerta y Frida y la cesárea, entre otras. Se muestra aquí también la paleta de colores de la pintora y un cuadro inédito, mostrado por primera vez al público.

 

En contraste con los cuadros de formato pequeño y temática íntima, se alza la obra de Diego en el muro contrario. Los estarcidos para el mural Historia de la medicina en México. El pueblo en demanda de salud, se extienden en gran tamaño y abordan una temática social.  Complementarias, las obras de Rivera y Kahlo se interrelacionan como en la vida lo hicieran ambos artistas.

 

“Trabajando siempre, Diego no vive una vida que pudiera llamarse normal. Su capacidad de energía rompe los relojes y los calendarios.”  Frida Kahlo

 

Igualmente interesante es el retrato inédito que se exhibe en la sala dos.  Se trata de un dibujo inédito que le hiciera a Diego el pintor y escultor italiano Amadeo Modigliani. Este dibujo -de trazo simple- refleja el tipo de relación que Diego entabló con grandes artistas de su época, una relación que la misma Frida tuvo siempre con su marido: la del mutuo respeto y la admiración correspondida. La familiaridad de los trazos de Modigliani deja ver la amistad que ambos pintores cultivaron desde la estancia de Diego en París. Esta sala está dedicada a una etapa fundamental en la vida del muralista: su estancia en Europa y su contacto con las vanguardias pictóricas. Algunos de los pintores que más tarde se relacionaron con Diego y Frida en Francia fueron Leopold Gottlieb, Yves Tanguy y Paul Klee, cuyos cuadros -también expuestos en esta sala- pertenecen a la colección de la Casa Azul.

Para complementar este conjunto de obras, se muestran por primera vez dibujos de Diego correspondientes a su etapa cubista.  En los muros de esta sala se han colgado los óleos cubistas El despertador, Mujer con cuerpo de guitarra y Paisaje urbano, que pertenecen a la colección permanente del Museo Frida Kahlo. Cierran este espacio los trabajos de ilustración que Rivera hiciera para libros de amigos y colegas, como el caso del escritor ruso Ilya Ehremburg.  Este libro es un préstamo de la colección del Museo Dolores Olmedo, lo mismo que Paisaje de Normandía, otro ejemplo del contacto que Rivera tuvo con las vanguardias de principios del siglo XX.

 

“Quizá esperen oír de mí lamentos de lo mucho que se sufre viviendo con un hombre como Diego.  Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr.”  Frida Kahlo

 

La sala tres, dedicada al ámbito íntimo de la pareja Frida y Diego, muestra un cuadro que pertenece a la colección permanente del Museo Frida Kahlo: La Quebrada. Esta obra destaca no sólo por las referencias prehispánicas incluidas en el paisaje, sino por la emotiva dedicatoria de Diego a Frida, dos años después de muerta la pintora.

 

En esta sala también se pueden apreciar fotografías de mujeres y modelos de Rivera, imágenes que forman parte de los archivos de la Casa Azul. Cierran esta sala los retratos hechos por Rivera a diversas mujeres de la época: Retrato de Monserrat, Retrato de Marzia, Retrato de Carmen Mondragón (Nahui Olin) y Retrato de Angélica pertenecen a la colección permanente de la Casa Azul, mientras que Desnudo de Frida Kahlo, Autorretrato y Retrato de Frida Kahlo pertenecen a la colección del Museo Dolores Olmedo.

 

Destaca en este espacio un dibujo del rostro de Frida hecho por Rivera y la exhibición de un ejemplar del Popol-Vuh, libro predilecto del pintor y que le dedicara Frida.

 

“(…) Diego no es ni derrotista ni triste.  Es, fundamentalmente, investigador, constructor y sobre todo, arquitecto (…)  No importa si su composición es un cuadro, una casa o un argumento.” Frida Kahlo
 
La sala cuatro retrata a Diego y a Frida como combatientes activos en la sociedad.  Destaca la faceta de Diego como constructor.  Para ello se muestran los planos y las fotografías de ese gran monumento que es el Museo Anahuacalli, además de presentar documentos que dibujan a Rivera como coleccionista y arquitecto.  También se exhiben algunos de los libros y carteles más significativos de la posición combatiente del matrimonio Rivera-Kahlo.  Los carteles o documentos comunistas muestran a una pareja vivamente interesada y activa en la política nacional. Para subrayar la concepción que Rivera y Kahlo tenían del arte como herramienta de compromiso social, se exhibe el cuadro realizado por Frida Retrato de Marte R. Gómez, obra prestada por la familia del ingeniero Marte R. Gómez, y que plasma con el estilo característico de Kahlo el rostro de quien fuera Director de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) en 1923 y 1924 y quien influyera fuertemente en la postura agraria de Diego. 

 

En otra pared de esta sala, se montaron materiales inéditos: algunos dibujos de Tláloc que Diego realizara para su monumental trabajo en el Cárcamo de Lerma, en Chapultepec, y los manifiestos, carteles y libros políticos que ilustran la conciencia social de Rivera.  Complementando este aspecto, se muestran fotografías hechas por su amiga Tina Modotti sobre el trabajo del muralista en Chapingo, resumen de la inclinación agraria de Rivera.

 

“Su diversión es el trabajo mismo; odia las reuniones sociales y le maravillan las fiestas verdaderamente populares. A veces es tímido, y así como le fascina conversar y discutir con todos, le encanta a veces estar absolutamente solo.” Frida Kahlo

 

La sala cinco muestra la importancia y el impacto que Rivera y Kahlo tuvieron en su época, como líderes de opinión y polémicos personajes de la cultura del siglo XX. En este espacio dos libros ilustran la curiosidad científica de Diego y Frida. De igual manera se muestra una semblanza de la cantidad y variedad de correspondencia que Diego y Frida mantuvieron con personajes fundamentales de la cultura universal. Como ejemplo está la carta que le escribiera Rivera a Albert Einstein, la que el físico alemán le mandara al muralista mexicano, la que recibiera del músico norteamericano John Cage, del escritor francés André Gide, del pintor ruso Vasili Kandinsky, de la representante de arte Galka Shayer, de la directora de la publicación Mexican Folkways -Francis Toor- y el pintor mexicano el Dr. Atl.

 

En este espacio se exponen por primera vez las diez láminas que compusieran la carpeta en homenaje a Rivera y que le regalara al muralista el famoso curador e impulsor del arte Carl Zigrosser cuando Diego visitó Nueva York, a principio de la década de los 30. Diez artistas dedicaron una obra suya a Rivera como muestra de afecto y reconocimiento a su gran labor como artista internacional.

 

Como contrapunto, dos obras del Museo Dolores Olmedo lucen en los muros: Desnudo de Frida Kahlo y Autorretrato, ambos hechos por Rivera. Uno de los tantos corsés que Frida usó y decoró tiene un espacio primordial en esta sala.

 

En el comedor original de la Casa Azul, la presencia de Frida se deja sentir en sus atuendos mismos.  En un costado de este espacio, se recrea la vestimenta que Frida inmortaliza en su obra Las dos Fridas.

 

“Sus ojos saltones (… sirven) para que su mirada abarque un campo visual mucho más amplio, como si estuvieran construidos especialmente para un pintor de los espacios y las multitudes.” Frida Kahlo 

 

 “Retrato de Diego por Frida” muestra la versatilidad de Diego de tal manera que, en el cubo de las escaleras —y con alusiones a las múltiples facetas del pintor— se le reconstruye como pieza fundamental en la edificación de la cultura mexicana del siglo XX.   A manera de homenaje, se colocó la réplica de un andamio. El gran sapo-rana en las alturas, lo domina todo y lo observa todo con sus ojos hechos para espacios amplios y multitudes, como los describe Frida.

 

“(…) después de la pintura, lo que más le entusiasma en la vida son sus ídolos. Desde hace más de quince años, gastando la mayor parte de lo que ha ganado trabajando incesantemente.” Frida Kahlo

 

En el estudio -séptima sala de esta exposición- se muestra la serie de imágenes del fotógrafo de origen húngaro Marcel Sternberger, quien capta el rostro de Diego en gestos lúdicos y llenos de espontaneidad.  También se exponen algunas piezas de la colección de arte prehispánico de Rivera -gran admirador de las culturas originarias de nuestro país. En este espacio se palpa la admiración que ambos artistas compartían por las culturas precolombinas.  Entre estas piezas tan queridas para ambos artistas, se muestra la urna que contiene las cenizas de Frida. 

 

“Jamás en toda la vida, olvidaré tu presencia.  Me acogiste destrozada y me devolviste íntegra, entera.” Frida Kahlo

 

El jardín, que conserva los árboles y las flores que ambos pintores plantaron y cuidaron, es el marco perfecto para recrear, a través de imágenes encontradas en los archivos fotográficos de la Casa Azul, los paseos que Frida y Diego hacían entre mascotas, fuentes y amigos.   Las reproducciones se acompañan de las palabras que Diego y Frida dejaron plasmadas en cartas, ensayos y diarios: un verdadero diálogo con el que alimentaron su trato como pareja, pero, ante todo, su relación complementaria como artistas.

 

“Retrato de Diego por Frida Kahlo” brinda al público la oportunidad de aproximarse a una pareja de creadores que siempre estuvo cerca de su pueblo. Esta muestra ilustra la diversidad en la obra de Rivera y pone de manifiesto la dialéctica entre su educación europea y su amor por lo nacional.  Todos estos elementos se unen en una afortunada y única combinación que, sin duda, convierte a Diego Rivera en un artista de talla universal.

Hilda Trujillo Soto
septiembre, 2008

 

 

Un espejo de contrastes:

el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera

 

De lo propio a lo general
A principios de año el maestro Ricardo Pérez Escamilla, curador de “Retrato de Diego por Frida Kahlo”, me invitó a participar como investigadora en el proyecto que estaba por iniciar y cuyos núcleos temáticos tenía ordenados a partir de su conocimiento del Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera, ya que había fungido como coordinador de curadores de “Tesoros de la Casa Azul. Frida y Diego”, muestra con que el Museo Frida Kahlo celebró en julio de 2007 el centenario del natalicio de la pintora, convertida en célebre icono mundial.
Entre otras razones, la invitación me llenó de gusto porque, motivada por los reportajes que sobre dicho centro de documentación había publicado la sección cultural de La Jornada, aproveché que vivo a pocos minutos del museo y visité en varias ocasiones la exposición homenaje a fin de leer los numerosos documentos exhibidos. Interesada en conocer más detalles de “Tesoros...”,en un par de ocasiones conversé con don Ricardo acerca de sus impresiones de lo que él resaltaba como “los tesoros del archivo”. Impregnados de emoción y vivacidad, sus comentarios fueron un estímulo extra para rastrear la muestra.


Por razones testamentarias, tras permanecer durante décadas en un baño cancelado, los documentos y objetos que comprende el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera salieron a luz pública en 2007. Resguardado por el Museo Frida Kahlo (también conocido como la Casa Azul), el archivo fue sistematizado por Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI).

 

La experiencia de trabajar en el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera me llevó a concebirlo como una especie de metamodelo ternario desde el que, a partir de una postura clásica, moderna o posmoderna se pudieran abordar los documentos guardados para la posteridad por la pareja de pintores. El puro juego mental que la idea me significó hizo que imaginara un sin número de laberintos virtuales engranados entre sí, desde los paradigmas de la cultura clásica, las rupturas históricas propias de la modernidad o bien desde la simultaneidad de ambos elementos, es decir, explorar el archivo con una postura posmoderna, articulada por la transdisciplinariedad. El ensayo visual que cada posibilidad permitiría reconfirmó mi inclinación por las rutas metodológicas y las estéticas posmodernas, que procuran la coyuntura para que el espectador sea quien diga la última palabra.     

A lo largo de los meses que consulté el archivo también me percaté de que, no obstante que la clasificación y las distintas vías para ingresar a los nueve grandes núcleos –divididos en series y subseries– en que está organizado son claras y precisas –lo cual indica la profesionalidad con que se diseñó–, a veces, por las mismas particularidades físicas de la casa Museo Frida Kahlo, se carece de espacio adecuado para trabajar. Es tan abrumadora la información que se entrecruza en la vida de Kahlo y Rivera que, para consultar su archivo, además de concentración, se necesita gran disciplina para no dejarse seducir por la enorme cantidad de expedientes que inducen a ser explorados, pues en sí entrañan testimonios que merecen ser investigados e interpretados. Medianamente familiarizada con el archivo, considero que, a partir de una propuesta transdisciplinaria rigurosa, se podría diseñar una notable estrategia museológica de largo aliento, de tal manera que el archivo sea, como hasta ahora, la fuente principal que articule las exposiciones que presente la Casa Azul.

En los documentos que Frida y Diego coleccionaron se aprecia la escritura, la intimidad de muchas personas cuyas innumerables revelaciones darían pie para profundizar en los complejos laberintos del ser y la trascendencia que tiene la palabra. Como en cualquier aspecto que concierna a la conciencia humana, tales escritos preservan una amplísima gama de confidencias, anhelos y preocupaciones: rastros biográficos que sustentaron a seres de las más variadas culturas del mundo. Semejante paisaje humano incita a diseñar una sugestiva ruta del tiempo que permitiría al público adentrarse en la potencialidad de Rivera y Kahlo, así como de quienes tocaron sus vidas. La ruta del tiempo sería un espejo contrastante y lúdico que, de acuerdo con la teoría ternaria de los laberintos, podría llevar a comprender que todo sistema de verdad puede ser, respectivamente: circular (asume una única verdad posible), arbóreo (acepta la existencia de varias verdades simultáneas o alternativas) o rizomático (admite en sí misma la coexistencia virtual de sistemas circulares y arbóreos).

 

Los contrastes
Por las directrices de investigación que marcó la curaduría, se exploraron muchas facetas del archivo; me limito a compartir con el posible lector lo que el encuentro con tres nombres surgidos de aquél ocasionó.
Al contrario que en “Tesoros de la Casa Azul, Frida y Diego”, para la cual el maestro Pérez Escamilla curó una amplia lista de libros, para “Retrato de Diego por Frida Kahlo” seleccionó -de entre miles de volúmenes que comprenden la biblioteca de Kahlo y Rivera- sólo poco más de ochenta. De vez en cuando lo acompañé mientras él revisaba los libros; fue durante una de esas sesiones que nos tocó tener en las manos Mi lucha, un ejemplar de la primera versión en español de Mein Kampf (1925), relato autobiográfico en el que Hitler sintetizó su ideología nacionalsocialista y su ideario político para Alemania. El volumen de la biblioteca de Rivera y Kahlo está forrado con papel negro; originalmente era un sobre de Kodak (de los empleados para papel fotográfico sensible a la luz) dirigido a Frida, con 26 fotos, tal como se constató al retirar por un momento el forro. En su mayoría las hojas nunca fueron separadas; sólo las que abarcan los primeros tres capítulos se encuentran sueltas. Esto indica que quizá el libro no fue leído, o acaso, como sucedió con otros lectores, luego de hojear las páginas iniciales desistieron de continuar la lectura. Antes de 1933, año en que Hitler tomó el poder en Alemania, el consenso común fue que Mein Kampf era tan sólo una mala obra que no merecía mayor atención.


Si bien el presente escrito se centra en el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera, también fueron consultados otros acervos, como la Biblioteca de Arte Ricardo Pérez Escamilla (BARPE) y el archivo histórico del Colegio Nacional, por ejemplo.

Para esa ardua labor contó con el apoyo del bibliotecólogo Javier García Velásquez, quien -en compañía de Ernesto Moreno Soto y Enrique Moreno Rodríguez- rastreó los títulos que el curador requirió.

Adolfo Hitler, Mi lucha, traducción de Alberto Saldívar P., Luz -Ediciones Modernas, Buenos Aires (sin año de publicación), 246 p. Especialistas en diferentes áreas que han analizado el libro coinciden en que la primera edición en español

Diego Rivera y Frida Kahlo compartían una genuina curiosidad de investigadores: cada cual, según su personalidad, tenía gran capacidad de exploración, selección, sistematización de datos y elaboración intelectual. En el archivo hay un conjunto de fotografías del ejército nazi; el apartado de información periodística sobre la Segunda Guerra Mundial es extenso; documentos de diversa índole reconstruyen cómo se percibió en México aquella terrible etapa.
De las artes, la música encarna la más delicada expresión de enlace entre el prójimo; es una abertura a la existencia terrena pero tocada por instantes de eternidad. Hacia octubre y noviembre de 1940, John Cage (1912-1992), quien por entonces era joven promesa de la música de vanguardia, le escribió a Diego Rivera solicitándole apoyo para conseguir una cita con el afamado Charles Chaplin, a quien deseaba mostrar su música experimental. Con desenvoltura y confianza, en su correspondencia Cage reporta a Rivera que Chaplin –ocupado en ese momento en filmar El gran dictador– no le respondía. A la postre, Cage devino en una de las figuras más importantes de la música del siglo XX. En el Archivo Frida Kahlo y Diego Rivera hay referencias a otros artistas que, al igual que Cage, también dejaron huella en la música.
            A partir de que en la curaduría se puso énfasis en establecer el gran interés de Diego Rivera por la ciencia, en el rubro de correspondencia se localizó un borrador en francés de una carta que Rivera le escribiera a Albert Einstein en 1934, en la que agradece al premio Nobel de Física (1921) el reconocimiento a su pintura. Lo anterior dio pie para entrar en contacto con el centro Albert Einstein Archives (The Jewish National & University Library, The Hebrew University of Jerusalem), donde se ubicaron el borrador de la misiva que Einstein mandara a Rivera el 13 de febrero de 1934, y la carta que éste enviara al científico el 5 de mayo de 1934. Obligado a dejar Alemania por la creciente violencia hacia los judíos, en 1933 Albert Einstein emigró a Estados Unidos, donde se integró al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. En Barbarie nazi (1933), uno de los frescos transportables pintados por Rivera en Nueva York, aparece Einstein, noble representante del pueblo hebreo.
Aprender a descifrar
Exenta de cualquier metaforización, “Retrato de Diego por Frida Kahlo” abre una dimensión extrema de la existencia humana ya que, a través de documentos de diversa índole, obras artísticas, objetos y fotografías, la vida de Rivera y Kahlo, así como de quienes estuvieron cerca de ellos en los múltiples aspectos y momentos que toca la exposición, verifica las posibilidades íntimas y públicas que abarca su paso por el mundo. Con sus particularidades, “Retrato de Diego por Frida Kahlo” puede devenir en estupendo ejercicio para que el público, con ánimo inquisitivo, se habitúe a descifrar la historia con sus propias perspectivas. La posmodernidad, compleja y dada a la metamorfosis y a lo espontáneo, permite -según las nuevas tendencias museológicas- que el espectador aporte sus postulados y otorgue su personal sentido a lo que se expone en cualquier ámbito museográfico.  

 Con gratitud, a la memoria de Olivier Debroise
Ingrid Suckaer
Julio, 2008

BBVA es un coleccionista de largo alcance. Procedente del conjunto de instituciones que conforman hoy este gran grupo financiero, el patrimonio artístico acopiado durante más de un siglo por el Banco es, sin duda, uno de los acervos más importantes de entre las actuales colecciones privadas españolas. Esta colección se caracteriza por la importante cantidad de piezas que la configuran y por la calidad y variedad de las mismas, dando testimonio, además, de una preocupación común de las personas que la constituyeron por el mecenazgo cultural en distintos contextos históricos y sociales.

No sólo coleccionista, BBVA tiene una larga trayectoria de apoyo a las artes y, en general, a la cultura, al igual que otra importante institución de su Grupo: BBVA Bancomer. Ésta es una vocación compartida que ha dado por resultado el fortalecimiento de la labor de difusión cultural que BBVA Bancomer desempeña en México a través de su Fundación.

A principios del 2004, La Fundación BBVA Bancomer presentó -en el espléndido marco del Museo Nacional de San Carlos- la exposición “Obras maestras en la Colección BBVA. Pintura española de los siglos XV al XX”, una amplia revisión histórica del arte español, con piezas representativas de los estilos, personalidades y géneros que lo distinguen. La exhibición contó con magníficos ejemplares de tablas del arte flamenco del siglo XV, arte hispano y testimonios valiosos de la pintura del renacimiento.  También se mostraron lienzos ejecutados por creadores de incuestionable prestigio, como Murillo, Goya, Regoyos, Sorolla, Zuloaga, Tàpies, Saura y Antonio López, entre otros.

Poner al alcance del público mexicano un acervo plástico proveniente de España -nación con la que, además de compartir una historia común de tres siglos, nos unen lazos sólidos y profundos-  representó una gran oportunidad para consolidar nuestra labor de difusión cultural y un aliento para impulsar el intercambio cultural entre países.

Otra importante iniciativa se concretó el año siguiente, al ser  nuestro Grupo el patrocinador del pabellón de México en la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, en Madrid, España, evento en el que México fue el invitado de honor. De esta forma, reiteramos nuestro permanente compromiso hacia las nuevas generaciones de artistas mexicanos.

Un año memorable para el Banco fue 2007, pues festejamos los 150 y 75 aniversarios de BBVA y Bancomer respectivamente. Qué mejor celebración que el Museo del Palacio de Bellas Artes albergara la muestra “Cuatro siglos de pintura europea en la Colección BBVA, siglos XV al XVIII”, una selección de las piezas más representativas de los fondos europeos de BBVA. La muestra comprendió obras plásticas de las escuelas de los Países Bajos, de la región de Flandes, Francia, Holanda, Portugal e Italia entre finales del gótico y la Ilustración. Éste fue un proyecto cultural que motivó de nueva cuenta la interacción entre los sectores público y privado, y que puso de manifiesto los múltiples beneficios que esto representa para la sociedad.

El área de Fomento Cultural de la Fundación BBVA Bancomer, responsable de promover la cultura y las artes desde 1990, se ha dado a la tarea de diseñar los diversos programas que hoy  tienen por fin fomentar el desarrollo creativo y cultural del país. Entre estos programas destacan el Salón de Arte Bancomer, el Programa de Exposiciones, el Fondo de Apoyo a las Artes, los Proyectos Editoriales y el Concurso Universitario “Hazlo en Cortometraje”.

Durante 10 años consecutivos se ha organizado el Salón de Arte Bancomer. Esta muestra se ha consolidado como una plataforma de promoción del trabajo de más de 300 artistas, ya sean emergentes o de amplia trayectoria, tanto mexicanos como extranjeros residentes en México,. Este espacio plural dio cabida a los nuevos medios de producción artística e impulsó con entusiasmo el coleccionismo en nuestro país. El Salón se presentó inicialmente en las instalaciones del Centro Bancomer, nuestra casa matriz, viajando a diversas sedes culturales en la República Mexicana. En su décima y última emisión -titulada “Armas y herramientas”- una selección de la muestra se exhibió en el Instituto de México en París, Francia. A partir de su quinta edición, el Salón de Arte Bancomer se expuso anualmente en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

La Fundación BBVA Bancomer colabora paralelamente y de forma continua con otras instituciones en la promoción de relevantes exposiciones de muy diversos contenidos, siempre con el firme propósito de motivar la formación de nuevos públicos. Por eso, en esta ocasión nos honra participar, una vez más, con el Museo Frida Kahlo.  Este museo encabeza un ambicioso proyecto de investigación, conservación y difusión en torno a un rico patrimonio que había permanecido resguardado durante largo tiempo en distintos espacios de la Casa Azul. El proyecto -de gran envergadura- se concretará anualmente en ricas propuestas curatoriales bajo un formato expositivo para el disfrute del público.  La relevancia de los objetos y documentos en estudio, así como  la participación de especialistas e investigadores de primer orden en el proyecto, han despertado el interés de un extenso público a nivel nacional e internacional.

La Fundación BBVA Bancomer se une al esfuerzo y compromiso que el Fideicomiso Diego Rivera y Frida Kahlo ha manifestado para realizar proyectos que amplíen la oferta cultural para el pueblo de México.

Es grato saber que nuestra aportación deriva en un acontecimiento cultural que despertará diversas experiencias. Para empezar, fomentará el acercamiento del público más joven hacia los dibujos, fotografías, libros, archivo, vestimenta y objetos personales de Diego y Frida, dos paradigmáticos artistas. De igual manera, permitirá el encuentro de otros visitantes más versados con este acervo y su vinculación con México; o bien, de los expertos, ante la oportunidad de adentrarse en la investigación y las dimensiones históricas y estéticas de estos personajes que dominaron la escena artística y político–cultural del país hasta finales de los años cincuenta del siglo XX, y que legaron un tesoro que, después de varias décadas, sale a la luz por vez primera.

Vaya una cálida felicitación al Museo Frida Kahlo y a todos los actores involucrados en esta tarea del conocimiento, por acercar -para el disfrute de todos- un acervo tan rico como plural, así como por su empeño para mostrar, de manera periódica, facetas y posturas artísticas que han dejado huella en el desarrollo plástico e intelectual de México. El programa de exposiciones que promueve la Fundación BBVA Bancomer se convierte, así, en parte integral de nuestra cultura y de nuestra agenda de responsabilidad social.

Gabriela Velásquez Robinson

 

Sala 1

En esta sala presentamos nueve obras de Frida Kahlo, algunas terminadas y otras inconclusas, testimonio temático transgresor de la artista: suicidio, aborto, androginia, erotismo, militancia política. Frida nació transgresora.

Destaca Naturaleza muerta (1942), cuya interpretación enfatiza los órganos de reproducción femenina, fue pintada para la presidencia de la República y rechazada por su carga erótica. Se rescatan también por medio de la restauración dos obras que estaban en peligro de desaparecer, dado su alto grado de deterioro: la paleta de colores de Frida y una obra suya inédita no titulada y que forma parte del archivo de la Casa Azul.

En contraste con los cuadros de formato pequeño y temática íntima, se alza la obra de Diego en el muro contrario. Los estarcidos para el mural Historia de la medicina en México. El pueblo en demanda de salud, se extienden en gran tamaño y abordan una temática social.  Complementarias, las obras de Rivera y Kahlo se interrelacionan como en la vida lo hicieran ambos artistas.

Buscando preservar esta fuerte presencia de Frida y Diego, la caligrafía de todos los títulos de cédulas en esta exposición rescata aquélla que usó el pintor en algunas de sus ilustraciones políticas.

Sala 2

Esta sala está dedicada a la estancia de Diego y Frida en París. Becado por el gobierno del Estado de Veracruz en 1907, Rivera viajó a Europa. Su primera estancia fue en España, pero, consciente de que la capital del arte y la cultura era París, radicó ahí de 1912 a 1921.  Al conocer el cubismo y a Pablo Picasso, Rivera se adhiere a este movimiento coincidente con su espíritu transgresor, puesto que el cubismo trascendió los postulados académicos tradicionales.

En esta sala se exhiben cinco dibujos provenientes de los archivos de la Casa Azul, así como tres obras cubistas significativas de su pintura realizada en París.  También se muestra Retrato de Diego hecho por Amadeo Modigliani, quien captó el alma de Rivera como visionario, como un gurú del arte. Se exhibe también Paisaje de Normandía, realizado por Rivera en 1918 –y procedente de la colección del Museo Dolores Olmedo-, testimonio de admiración de Rivera a Paul Cezánne, a quien consideró su gran maestro.

Complementan este espacio las ilustraciones que hiciera Rivera para el libro Relato de la vida de una tal Nadienka (Esperancita) y de ciertas revelaciones que ha tenido, de su amigo, el escritor ruso Ilya Ehremburg, así como un retrato de Diego realizado por Leopold Gottlieb y obra de Paul Klee e Yves Tanguy.  Estos dos últimos cuadros fueron obsequio para Frida Kahlo y dan testimonio del contacto que tuvieron ella y Diego con las vanguardias pictóricas europeas.

Sala 3

México, libertad plena para vivir creando y la mujer son la esencia del mundo de Diego.  En esta sala se exhiben cuatro retratos de mujeres bellas: Nahui Olin, Marzia, Monserrat y Angélica, cuadros que ya fueron expuestos anteriormente y que ahora se presentan con un nuevo sentido. En memoria de Frida, al año de su muerte, Diego dibujó a pincel con tinta el retrato de Frida identificando rostro y corazón, para significar que Frida fue todo para él. Aunque ambos se fueron infieles, se fueron leales. Así lo demuestra la conmovedora dedicatoria con la que Diego firma el cuadro La Quebrada, dos años después de la muerte de Frida.

En esta misma sala se exhibe correspondencia entre Frida y Diego, que demuestra la particular intimidad en su trato diario.  Aunque vivieron la mayor parte del tiempo juntos, asombra la comunicación escrita que va de amplias cartas, telegramas hasta breves mensajes que incluían muchas veces dibujos llenos de ternura y de humor.

Sala 4

En este espacio que muestra la faceta de Diego militante, se exhibe el cuadro realizado por Frida, Retrato de Marte R. Gómez, obra prestada por la familia del ingeniero Marte R. Gómez.  Este personaje influyó fuertemente en la postura agraria de Diego.  En esta sala se subraya también la faceta de Rivera arquitecto, constructor del impresionante Museo Anahuacalli. La proyección de este magnífico edificio se documenta con fotografías, planos y cartas en donde Diego y Frida lo conciben como su importante legado. Llama la atención la correspondencia entre Rivera y el famoso arquitecto Frank Lloyd Wright, que ilustra el intercambio de ideas que tuvo el pintor con respecto a la integración de arquitectura y entorno natural.

De igual manera, se montaron algunos dibujos de Tláloc que Diego realizara y los manifiestos, carteles y libros políticos que ilustran la conciencia social del pintor.  Complementando este aspecto, se muestra material de su trabajo en Chapingo, resumen de la inclinación agraria de Rivera.

Sala 5

Esta sala subraya la importancia y el impacto que Rivera tuvo en su época como líder de opinión y polémico personaje, así como su trascender estético entre sus contemporáneos.  En 1931, y como homenaje después de la estancia de Diego en Nueva York, Carl Zigrosser –galerista y profundo conocedor de la estampa- le entrega una carpeta con diez obras de igual número de autores.

Realizado por Rivera, el exlibris -Diosa Tlazolteotl- de la biblioteca del doctor Federico Marín, se exhibe por primera vez junto con dos libros que marcan el interés de Diego por la ciencia: el Códice Badiano y Splendor of the Heavens.
Si bien Rivera fue internacionalmente conocido en su faceta como muralista -así lo atestiguan las imágenes sobre el mural de Palacio Nacional aquí mostrados- también los documentos de esta sala subrayan su hondo conocimiento de la ciencia. Gran admirador del premio Nobel de física Albert Einstein, Rivera lo retrata en uno de los 21 paneles realizados para la Workers School. En agradecimiento, en 1933 Einstein le dirigió al artista mexicano una carta –aquí presentada- expresándole su admiración.

Esta correspondencia da testimonio del gran universo de personalidades trascendentes para la historia del siglo XX con las que el pintor y Frida mantuvieron amistad. Aquí expuestas están las cartas y mensajes del músico norteamericano John Cage, de la coleccionista y representante de arte Galka Schayer, del pintor ruso Vasili Kandinsky, del pintor español Pablo Picasso.

Esta sala también muestra la intimidad de Diego y Frida a través de las fotografías de la Casa Azul -su entorno esencial- y dos litografías: Desnudo de Frida Kahlo y Autorretrato, ambas hechas por Rivera en 1930, y pertenecientes a la colección del Museo Dolores Olmedo. Simbólicamente, cierra este espacio el dibujo sobre el yin y el yan realizado por la pintora, lo mismo que uno de los tantos corsés que usara.

Comedor

Dentro del ambiente festivo de este espacio, se recrea la vestimenta que Frida inmortaliza en su obra Las dos Fridas. De igual manera se muestra las obra Retrato de Marta Procel.

Sala 7

En el estudio -séptima sala de esta exposición- se muestra la serie de imágenes del fotógrafo de origen húngaro Marcel Sternberger, quien capta el rostro de Diego en gestos lúdicos y llenos de espontaneidad.  También se exponen algunas piezas de la colección de arte prehispánico de Rivera -gran admirador de las culturas originarias de nuestro país-, y una selección de joyas precolombinas que usó Frida como parte de su característico vestuario. En este espacio se palpa la admiración que ambos artistas sentían por las culturas precolombinas.  Entre estas piezas tan queridas para ellos, se muestra la urna que contiene las cenizas de Frida.

Cubo de escalera

A manera de homenaje, se colocó la réplica de un andamio donde se recrean todos los aspectos de la polifacética personalidad de Diego.

Estudio

Esta sala muestra la serie de imágenes del fotógrafo Marcel Sternberger, quien capta a Diego en gestos llenos de espontaneidad. También se exponen algunas piezas de la colección de arte prehispánico de Rivera, quien -junto con Frida- fue gran admirador de las culturas precolombinas.  Entre estas piezas tan queridas para ambos artistas, se muestra la urna que contiene las cenizas de Frida.

Jardín

En el jardín -que conserva los árboles y las flores que ambos pintores plantaron y cuidaron- se recrean imágenes encontradas en los archivos fotográficos de la Casa Azul.  Las reproducciones se acompañan de las palabras que Diego y Frida dejaron plasmadas en cartas, ensayos y diarios: un verdadero diálogo con el que alimentaron su trato como pareja, pero, ante todo, su relación complementaria como artistas.
Texto: Lic. Hilda Trujillo Soto

Curaduría

La curaduría de esta exposición estuvo a cargo de Ricardo Pérez Escamilla; la investigación documental, a cargo de la crítica de arte Ingrid Suckaer. Museografía: Jean-Renaud Dubois Langlet y Luis Hernández. Coordinación general: Hilda Trujillo Soto.
Participaron: Luis Alberto Blanco Colina, Alejandra López Estrada, Noemí Cortés-Gallardo Mondragón, Claudia Martínez Zapién, Karina López Preciado, Ximena Gómez González Cosío, Mariana Cantú Romandía, Aline Márquez Martell, Gabriela Maldonado, Ana Salazar Nicolás, Glorilib Montilla Delgado, Ernesto Moreno, Virginia Hernández Reta y todo el equipo de los Museos Dolores Olmedo, Diego Rivera-Anahuacalli y Frida Kahlo.

Agradecemos a: Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados LX Legislatura, Fundación BBVA Bancomer, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, A.C. (ADABI), Museo Dolores Olmedo, familia Marte R. Gómez, Oglivy, Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, Canal 22, Instituto Mexicano de la Radio (IMER), Radio Fórmula, Gilsama, Philips, Santo Tomás, Italianni’s, Digital Colors, Imágenes y Muebles Urbanos (IMU), Foli y Remigio Mestas Revilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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